Si nuestros hijos sufren de problemas respiratorios, el Yoga nos ofrece una rutina de ejercicios simples para curarlos sin el uso de medicamentos
Mientras los laboratorios buscan el seguir fabricando fármacos contra el asma y los médicos recomiendan trasladarse hacia un clima más adecuado, cada día son más los profesionales de la medicina alópata que derivan a los pacientes a clases de yoga.
Las asanas, posturas corporales que ejercen efectos positivos sobre el cuerpo y sus funciones, incluyendo la mente y el sistema emocional, están altamente indicadas para los niños como paliativo de muchas enfermedades crónicas, entre ellas, el asma.
En la mayoría de los casos, este trastorno en la respiración está ocasionado por causas psicosomáticas. Así como algunas personas descargan sus tensiones en el estómago o en el cuello, el asmático lo hace sobre sus bronquios y pulmones, con las consiguientes crisis. Los síntomas se presentan como dificultades para respirar acompañadas de sibilancias (silbidos producidos por el mismo aire que atraviesa los bronquios de pequeño calibre como el que tienen los más chiquitos). También por una sensación de contracción debida al espasmo bronquial.
Con ejercicios específicos recomendados por las técnicas del yoga, cualquier chico puede hacer una vida normal, que en algunos casos, incluye olvidarse definitivamente de los remedios y el problema.
Para que la práctica del yoga resulte efectiva, debe ser regular y sistemática. La duración del tratamiento dependerá de la evolución que presente el enfermo.
La disciplina requiere, en rigor, que la clase se convierta en una actividad fija del alumno-paciente. Con la práctica periódica de dos o tres veces por semana, según crea conveniente el médico clínico y el profesor de yoga, se logra mejorar notablemente la respiración, adquiriendo también un poderoso control y seguridad en uno mismo, dos cualidades importantes para superar grandes crisis, como las asmáticas. Pero debemos saber de antemano que el éxito del tratamiento también está relacionado con la edad del niño: lo más recomendable es que se considere al yoga cuando el niño ha cumplido por los menos 4 o 5 años.
Las técnicas respiratorias del yoga unidas a las técnicas de relajación y a los ejercicios físicos apropiados crean una asociación ideal a favor de la solución completa del trastorno.

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